martes, 26 de febrero de 2013

El Limbo de los "Lisensiados"

Así me siento yo, en el Limbo, flotando, dejándome llevar por mis circunstancias y problemas, por mi desesperanza y apatía. Todo me importa y todo me da igual. Y como decía Alejandro Sanz, "no hay más miedo que el que se siente cuando ya no sientes na´".

A mí las cosas siempre me han importado, me han preocupado y me han generado incertidumbre. Yo siempre he tenido planes, metas o escalones que subir. Ahora no tengo nada y eso me da terror.
La eterna positiva ve su futuro tan negro que hasta rapea. Y tengo días que me enfado, me indigno, me dejo la vista buscando ofertas de trabajo dentro y fuera de España; pero hay otros en los que me levanto de la cama porque tengo que cubrir las necesidades íntimas de mi perrita, Lolita.

Pero no sólo laboralmente hay complicaciones, sino que además se te pueden juntar con problemas personales que te hunden en la miseria. "De los momentos más terribles, surgen las mejores ideas y decisiones", me dijo una vez un conocido. Cuando te ves entre la espada y la pared es el momento del Ahora o Nunca. Y en esas estoy.

Llevo dando palos de ciego una temporada, cambiando de trabajo, de ciudad, de casa... Y me siento más inestable que una peonza girando encima de una barandilla. ¿Eres feliz? Esa idea me persigue desde hace unos meses para acá. Ahora puedo decir que tengo la respuesta: NO, NO SOY FELIZ.

En mi mano está el cambiarlo, porque Sí, todos podemos cambiar nuestro destino, sólo tenemos que quererlo. Son decisiones difíciles, para qué mentir, y casi siempre muy arriesgadas; "pero tienes 23 años Alejandra, ¿estás dispuesta a quedarte mirando con los brazos cruzados o vas a ponerte de nuevo los guantes de boxeo para luchar?".

Intento volver a tomar el control de mi vida. ¡Ya lo he hecho muchas veces! Al principio duele, pero siempre te hace más fuerte. En mi última "crisis existencial", me alcé diosa de mi propia religión, el Yoísmo. En ella yo era lo más importante, yo era por la primera persona que miraba y mía era la felicidad que buscaba.

"Si no eres feliz por ti misma, nunca serás feliz con nadie". ¡Aplícate el cuento Contreras y lánzate de una vez al ring!

Besucos!

Fdo: La que sigue buscando la felicidad.

sábado, 27 de octubre de 2012

Y echas a volar...

De repente un día amaneces en una cama que no es la tuya, desayunas en una cocina que no es la de siempre y te lavas los dientes en un aseo al que faltan los muñequitos con los que solías bañarte...

Y ese día vuelas del nido. Sales de la protección de las alas de tus padres y te enfrentas a la nevera vacía, a la lavadora sin poner y a la casa llena de pelusas.
Cada uno afronta ese cambio como puede (o como le han preparado), pero siempre surgen detalles para los que no estabas del todo lista.

Presumo, o más bien presumía, de ser una persona independiente y capaz de valerme por mí misma. Tras casi tres meses viviendo fuera de mi hogar familiar, me he dado cuenta de lo vulnerable que resulto y de lo mucho que me afecta la distancia y sobre todo, saber que he emprendido un camino diferente, el que me llevará por mi propio sendero.

Cuando vivía en Holanda, apenas había tiempo para pensar en qué harían mis padres o hermana; mucho menos para acordarme del resto de la familia. Quizás eso se debiera a la temporalidad de ese cambio, el saber que en junio yo volvía a Madrid y lo que pasó en Holanda, en Holanda se quedaba.
Esto cambia sustancialmente cuando la salida se produce para empezar una vida independiente (o en pareja, como es mi caso). La vuelta a casa sólo se produce en cumpleaños y vacaciones, pero tu dormitorio habitual ya no será el que se encuentra a la derecha del de tu hermana, ni el cuarto de baño que compartíais volverá a tener colgado tu albornoz.
Es extraño guardar el número fijo de tu "nueva casa" en el móvil y tener que sustituir el contacto de "Casa " por el nombre de "Papás Casa". Sentí como si restara privilegios a mi familia en función de la vida que me espera.

Por supuesto independizarse tiene también muchísimas cosas buenas y sobre todo, experiencias preciosas por estrenar. Sin embargo, en los días tristones o tontorrones, ¡cuánto se echa de menos tumbarte en la cama con tus padres a contarles cómo te van las cosas y cuáles con tus planes de futuro!

Para mí hoy es un día de esos. Seguramente mañana sea mejor y vuelva a ver el vaso medio lleno. Sin embargo, es inevitable al menos un minuto al día, acordarme de mi nido y sentir una punzadita al saber que me faltan las tres personas a las que más quiero en este mundo.

martes, 21 de febrero de 2012

Papá, mamá, voy a tener un...

¡Trabajo!

Casi les da un soponcio a mis queridos progenitores cuando comencé la frase. Bueno, no nos mintamos, el soponcio darles, les dio. Y es que, en estos tiempos de crisis, ¿quién me iba a decir a mí que iba a tener mi oportunidad?

Tengo que confesar que tiene escasa relación con mi preparación universitaria, vamos, ninguna; pero un trabajo es un trabajo y al coche hay que seguir echándole gasolina (que por cierto, qué cara está).

A lo que vamos, ¡por fin tengo un sueldo fijo cada mes! Como empleada (no becaria), con mi jornadita de 8 horas, mi horita para comer... Señores, ¡que hasta tengo despacho propio!

Pensaréis que es la pera limonera mi oportunidad. En realidad no, pero trato de automotivarme, porque si no, me queda sólo el desconsuelo y la agónica espera hasta que termine el último semestre, del último año, de la última carrera de mi vida (o eso tengo planeado hasta el momento) y pueda cambiar el rumbo de mi historia.
El trabajo no está del todo mal... conoces gente, conoces otros negocios distintos a los que estás acostumbrada (como el de las clases particulares, el de las tiendas de ropa, compañías de danza, el de las barras de bar, el de profesora de ballet, niñera, becaria...), pero sobre todo aprendes a tratar con gente bien distinta a ti. Por supuesto, esto último es para mí lo más dificil, porque ya sabéis que soy una persona natural, clara y como SM el Rey, muy campechana. Vamos, ¡que detesto el peloteo! Así que, no sé yo lo que tardarán en cansarse de mí, o lo más probable, yo de ellos.

Y después, ¿qué? ¡Oh, amiga mía! Dios dirá si sigues viva en junio (también es algo que me digo para evitar hacer planes con demasiada antelación). Supongo que después, cuando sea una señorita doblemente "lisensiada", tendré que hacer un punto y aparte en mi vida; cerrar un capítulo para abrir otro nuevo. Cambiar de país, de ciudad, de trabajo...

No sé, iré pensando el título del nuevo episodio... "Papá, mamá, voy a tener un hijo".
Venga... de momento posponemos éste. Antes tiene que venir el de: "Tengo el trabajo de mis sueños y soy inexplicablemente feliz".

Besucos.

"Aprendiz de ser feliz".

martes, 6 de diciembre de 2011

Una ayudita...

En esta época de crisis, las contadas oportunidades laborales son tesoros. Por eso, y a riesgo de parecer muy convenida, os dejo un link a una página en la que hay publicado un vídeo.

Este vídeo es el "currículum" que busca la empresa eDarling para contratar a una persona más en su departamento de Comunicación.

Para algunos sólo será una perrería que hace la empresa para encontrar trabajadores de los cuales burlarse eternamente (es lo que algunos me dijeron). Para mí es la OPORTUNIDAD de demostrar todo lo que yo puedo ofrecer: mi originalidad, mi afán por superarme, mi creatividad y por supuesto, mis ganas de trabajar... Porque si soy capaz de disfrazarme de gimnasta con un mayot de lycra... Creo que soy capaz de todo por un puesto en eDarling!!

https://www.edarling.es/consejos/utilizaelcoco/edarling-alejandra-de-mayor-quiero-ser-0



Para verlo, hay que hacer click dentro!!

Muchas gracias y lo que digo siempre: os debo un trabajo!!!

miércoles, 13 de julio de 2011

Esto es un hasta luego...

Reconozco que si mi blog me reportara ingresos económicos, sería mucho más responsable y metódica con las entradas que escribo; como no es así, como esto es por placer y purito desahogo, relato cuando puedo (y quiero, ojo).

El caso es que me he hecho "follower" de varios "bloggeros", lo que dicho así queda bastante "cool". Nada más lejos de la realidad: me hice twitter, me recomendaron ciertos sites y como en la red, o usas términos en inglés o te tildan de anticuada, intento adaptarme toda yo a lo novedoso. Vuelvo a lo que iba, que es mi adicción por leer lo que los demás escriben (esto me hila hacia donde verdaderamente quiero llegar). Esta afición la he desarrollado en los últimos seis meses de prácticas que llevo en el diario Expansión; prácticas que, con mucho dolor y alguna que otra lagrimita, se terminarán el próximo jueves 14 de julio.

Sé que soy quisquillosa, quejica, protestona, en ocasiones algo negativa... La situación económica me desespera, ya no sólo porque en mi casa la crisis haya golpeado duramente, sino porque veo mi futuro laboral más negro que las cucarachas. Por fin encontré un sitio (de prácticas) en el que soy feliz. Señoras, señores, me considero (hasta el jueves) de esas personas que van contentas a su puesto de trabajo, que disfrutan con sus compañeros, que se siente realizada cuando sale. Pero claro, lo bueno no es eterno y por mucho que mi superjefa (que sí, que existen las superjefas) lo haya intentado, no hemos comenzado en la empresa en su momento más boyante.

Por suerte, debo reconocer también, tengo otro sitio donde seguir formándome y ampliando CV; seré de nuevo becaria, pero no me importa. Ciertamente no me puedo enfadar, indignar o frustrar por lo que hay: las cosas son así y así se las hemos contado. ¿Echaré de menos mi puesto desde hace seis meses? Seguramente. ¿Encontraré gente tan increíble como la que conocí en Expansión? Posiblemente. Claro está que todos lados cuecen habas, y gilipollas siempre hay alguno (que aquí se dé por aludido quien se tiene que dar por aludido). Lo que tengo que hacer es "poquito a poquito hasta el infinito", aprovechar lo que se me presente y aprender de todo cuanto vea.

¿Nerviosa por mi comienzo en el nuevo medio? Acojonada. Pero pase lo que pase, se lo contaré como en cada post aquí, en ¿Dónde aprendiste a ser feliz? Alejandra Contreras

P.D 1: La última frase la tomo de uno de los mejores redactores de Expansión y también amigo, Agustín Monzón. La Bolsa para mí, ya no será lo mismo.

P.D 2: A Tamara, Raquel, Iván y Félix. Muchas gracias a los cuatro por hacerme sentir tan importante dentro de un equipo de trabajo. Lo pasé genial cada día, aprendí muchísimo de todos y espero que todo os vaya igual de bien o mejor. Por favor, si observáis que Carolain, la niña de Expansión, sigue intentando mataros con el foco, el prompter, etc; llamad a un exorcista!

miércoles, 4 de mayo de 2011

Por qué dicen... Cuando quieren decir...

Indignación. Es lo único que siento cuando se aproxima la época de verano y las empresas de comunicación se afanan en conseguir a gente con habilidades grupales y ganas de aprender, para ofrecerles puestos de becarios por tres meses.

En menos de dos semanas he recibido cuatro e.mails de profesores que nos pedían con urgencia nuestros curriculums vitae, porque habían recibido ofertas increíbles para los alumnos de último curso.

Esto es un ejemplo de ofertón (de cualquier empresa) traducido al idioma que hablamos los estudiantes:

Como estudiantes de triple y dobles licenciaturas QUE ESTÁIS PRINGADOS CON UNA O DOS CARRERAS MÁS AUNQUE YA SEÁIS LICENCIADOS EN ALGO (MÁS TIEMPO COBRANDO COMO BECARIOS), ha surgido una oferta de trabajo en prácticas UNA BECA DE SUELDO MÍSERO QUE NO COTIZA COMO TIEMPO TRABAJADO para la empresa xxx (GENERALMENTE ES UNA PEQUEÑA PRODUCTORA, PERO HAY DE TODO EN LA VIÑA DEL SEÑOR), una gran empresa internacional HALAGO-HALAGO, en las que creemos que vuestro perfil es el más indicado PELOTEO AL ESTUDIANTE, ya que lo que buscan es alguien que tenga casi la carrera terminada o terminada del todo TU "CONTRATO" SERÁ EN PRÁCTICAS, NUNCA FIJO, TE PAGARÁN EL BONOBUS (Y DA GRACIAS), que se incorpore como becario Y TERMINE COMO BECARIO PORQUE NUNCA HAY POSIBILIDAD DE DE QUEDARSE y que conozca elementos de comunicación, redacción, periodismo digital, conocimiento de redes sociales y su funcionamiento profesional, conocimientos de grabación, edición, etc. LO QUE SE CONOCE COMO PERIODISTA/COMUNICADOR TODOTERRENO, QUE AHORRE EL COSTE DE UN SEGUNDO BECARIO para un entorno de Internet ESO DE LO QUE TODOS LOS JÓVENES HABLAN, PERO QUE NADIE EN LA EMPRESA CONOCE DEMASIADO BIEN.

En el tema de redes sociales a nivel profesional ESO QUE TENÉIS DEL FEISBUC, TUENTI, TUITER, BLOGUES os ofrecen formación por parte de la empresa UN INDIVIDUO QUE SE HACE LLAMAR COMMUNITY MANAGER Y QUE VIENE A ENSEÑARNOS LO DEL FEISBU, LOS EVENTOS Y LOS GRUPOS DE SEÑORAS DE MODA y del proyecto en el que trabajaríais, que es un proyecto que se llama xxx NOMBRE CHULO Y RESULTÓN, POSIBLEMENTE EN INGLÉS.

Sé que algunos estáis trabajando y quizá no os interese YA HAY ALGUIEN QUE SE ESTÁ BENEFICIANDO DE VUESTRA ESCLAVITUD, que alguna os vais el curso que viene al extranjero y tampoco, ya que esto es un proyecto a largo plazo EN EL QUE OS ENCADENAREMOS LOS CONTRATOS DE PRÁCTICAS UNO TRAS OTRO, así que los que estéis interesados, enviadme vuestro currículum vitae para enviarlo al proceso de selección y moverlo PARA ENVIARLO A LAS EMPRESAS QUE COMO LOCAS ESTÁN BUSCANDO A GENTE PORQUE LOS CONTRATADOS SE VAN DE VACACIONES Y NO PUEDEN CERRAR LA EMPRESA DE JULIO A SEPTIEMBRE.



Como veis, hay que saber leer entre líneas. Como alumna y trabajadora en prácticas, he desarrollado una habilidad especial para detectar determinadas ofertas de trabajo. Muchas de ellas vienen adornadas con conceptos modernos y sociales: que nos dé feedback, que sea empática, que tenga la cualidad del trabajo en equipo... Y bla bla bla...

Piden más requisitos que Telefónica a sus directivos, exigen conocimientos que nadie más en la empresa tiene, te dan la oportunidad de trabajar como uno más (cobrando como uno menos), tienes el honor de servir cafés, hacer fotocopias o acomodar la salita para la call...

Y si tragar tanto sirviera para llegar a un mísero puesto de trabajo, la vida sería maravillosa; sería como una dura escalada para llegar a la preciosa cumbre de la montaña. Lástima que hoy por hoy, la montaña no tenga cima y los jóvenes nos tengamos que ver recorriendo el camino demasiado tiempo. A mí ya me entran las ganas de dejar el pico y las zapatillas y dedicarme a otra cosa hasta que se solucione el Gran Problema de España.

sábado, 30 de abril de 2011

Para que se lo coman los gusanos, ¡que lo disfruten los humanos!

Este relato fue escrito para un concurso de mi universidad, pero como no ganó, he decidido colgarlo para que mis queridos lectores lo disfruten.
Su título es TODO y no está basado en experiencias personales, para los más cotillas. Su extensión real es de diez folios y sólo me queda deciros que espero que os guste.


TODO


Martes, 10 de marzo

Ya son las cuatro y cuarto. Debe estar apunto de terminar.

De un impulso, ruedo con mi silla hacia el perchero donde tengo la cazadora, me la pongo, cojo el paquete de tabaco de la mesa y salgo de mi zulo de trabajo dejando el Avid abierto.

En la puerta del estudio enciendo el último cigarro que me queda. Está lloviznando, es un día gris, sin embargo estoy más que acostumbrado a este tipo de clima. Entre calada y calada, localizo uno de los auriculares de mi iPod; al colocármelo me doy cuenta de que está encendido. Suenan los Red Hot Chili Peppers. Adopto una pose chulesca apoyándome en el muro mientras espero, y sigo el ritmo de la música con el pie izquierdo.

El cigarro está en las últimas; según mis cálculos, la gente saldrá en unos segundos. Así es. Las puertas de la planta baja comienzan a abrirse, y grupos de estudiantes abandonan el edificio sin prisa. Yo espero paciente, buscando entre la multitud. Saludo a caras conocidas que me dedican un “Ey, qué pasa tío”, y miro ansioso hacia la escalera por donde sé que tiene que bajar.

Han pasado cinco minutos, apenas debe quedar nadie por las aulas. He visto irse a la gente de su clase, pero me ha parecido imprudente preguntar. Casi tengo perdida toda esperanza, cuando la veo aparecer tras la puerta de cristal. Viene como siempre cargada con muchos bártulos: carpetas, bolsos, llaves en una mano, paraguas y móvil en otra… No sé cómo lo hace para conseguir no perder nunca nada por el camino.

— Hola me saluda con una pícara sonrisa Qué raro tú fumando por aquí.

— Ya ves, el trabajo de becario, que tiene muchos privilegios.

— Y las ganas que tenías de verme, por eso me esperas…

Tengo que reconocer que tiene una habilidad especial para dejarme en evidencia, pero es que en el fondo tiene razón, y lo que es peor, ella lo sabe.

— Bueno, ¿cómo te va la semana? ¿mucho trabajo?— Na´, lo normal le respondo con dejadez tengo algunos vídeos que montar, pero vivo deseando que llegue el viernes. ¿Tú?

— ¿Yo? Igual que siempre...

Tras su última frase se produce un silencio incómodo que augura el fin de la conversación, pero yo no quiero que se marche todavía, y a ella, la situación parece divertirle. Es entonces cuando saca la artillería pesada y pregunta con descaro:

— Oye, ¿y qué tal te fue el fin de semana pasado? ¿encontraste planes?

Sus palabras entran en mis oídos y me apuñalan el estómago. Quizás es lo que más me gusta de ella: ese aire pío, dulzón y casi aniñado que nada tiene que ver con su otro “yo”. Mientras espera una respuesta y me mira con ojitos de cordero degollado, esboza una sonrisa casi maliciosa y yo no puedo evitar retroceder en mi mente al sábado anterior…

Sábado, 7 de marzo

Llevo todo el día pensando en ese mensaje: “A las 22.00 estoy en tu casa”. No sé si es un error o un acierto, pero sé que sólo hay una oportunidad. Estoy solo. Hay algo que nos une desde hace tiempo y que nos va a llevar a cometer una locura. Me da igual y a la vez, me muerde la conciencia.

Ya duchado, me dispongo a elegir atuendo. ¿Desde cuando me como yo tanto la cabeza por la ropa? Parece que sí, que estoy nervioso de cojones. Finalmente vaqueros y camiseta normalucha, no creo que quiera ir a la calle a tomar algo.

Suena el telefonillo. ¿Una chica puntual? Descuelgo, no respondo, abro directamente. Ella, desde la calle, tampoco dirige su mirada a la videocámara. Cuento dos minutos, los que tarda en llegar el ascensor; toca al timbre de mi casa.

Buenas me dice mirándome a los ojos.

— Qué rápida eres bromeo mientras la invito a pasar.

Cierra la puerta tras de sí y se queda en el descansillo. No dice nada, simplemente sonríe. Me acerco a ella. Los dos esperamos algo desde hace mucho tiempo. Me aproximo un poco más y la beso con delicadeza. Por fin siento sus labios sobre los míos y acaricio su cuerpo sin importarme nada más. No paro de besarla, por todo el pasillo que conduce al salón, nos vamos calentando. La cojo en brazos y ella me muerde el cuello. Hemos perdido la cabeza; esto no tiene vuelta atrás. Las paredes van amortiguando nuestros movimientos, y así, llegamos hasta el sofá. Tras intensos minutos, ella trata de recuperar la compostura y el aliento.

Eres muy mal anfitrión. No te has dignado a ofrecerme nada de beber comenta entre risas.

Pues dime qué quieres, que aquí sobra la confianza.

Te pediría Moët, pero tampoco nos vamos a poner exigentes… se ha dado cuenta de lo modesto que puede llegar a ser un piso de estudiantesNo sé, ¿qué me ofreces?

Mientras voy a la cocina en busca de restos del último botellón en casa, ella coge mi portátil y por lo que intuyo, busca canciones en Youtube.

Tengo media botella de WhiteLabel, tres cuartos de un ron pegajoso y un culín de orujo de hierbas le grito desde la otra habitación.

Tráete lo que mejor pinta tenga. ¡Ah! Y dos vasos, que vete tú a saber quién bebió a morro de ahí.

Salgo de la cocina con el orujo en una mano y dos vasos de chupito en la otra.

Es lo único que no necesita mezclarse… le digo encogiéndome de hombros.

Y lo que más emborracha en menores cantidades.

Me ha vuelto a pillar; se las sabe todas. Es una tía distinta, me gusta porque es capaz de sorprenderme, y siempre de forma grata. He visto que ha accedido a su cuenta privada y que tiene seleccionada una lista de reproducción. Ella se da cuenta de que la observo y me dice:

Me parecía interesante tener algo de fondo mientras hablamos.

No me has pedido permiso para coger el ordenador, pero te perdono respondo con tono condescendiente y haciéndome la víctima. Coloco los vasos de chupito y la botella sobre la mesita del salón.

Quizás me tomé muy al pie de la letra eso de “aquí sobra la confianza” lo último lo dice con voz ñoña, queriéndome imitar. De seguido coge la botella y llena los vasos. Yo tomo asiento a su lado.

Por los fines de semana en que los amigos nos abandonan dice alzando el vasito al aire.

Por los sueldos míseros de becario, que impiden a estudiantes sin recursos hacer viajes con amigos forrados.

Eres un exagerado… Ni cobras tan poco, ni tus amigos están tan forrados.

No, claro… En realidad he preferido quedarme en Madrid porque sabía que te tendría sola para mí este fin de semana.

Por un momento, me planteo hasta qué punto lo que acabo de decir es cierto. Ingiero el orujo que arde por mi garganta, y pienso el tiempo que hace que ella me gusta. Tanto tonteo, tantas conversaciones absurdas, tantos cigarros fumados sólo por verla pasar…

Cuando me quiero dar cuenta, ella ha servido de nuevo. Esta vez nos lo bebemos sin decir nada. Un tercer chupito baña la noche.

Aquí, ¿quién quiere emborrachar a quién? pregunto con malicia.

Yo a ti, está claro. Si dependo de tu iniciativa, todo iría mucho más despacio.

Su comentario me hace gracia, sobre todo por lo rotundo que suena. La beso de nuevo en la boca. Un beso corto, otro más largo. Acabo por tumbarla en el sofá.

Espera un momento me dice levantándose que al final no puse banda sonora a la noche…

Se acerca al portátil y pulsa el play. Los primeros acordes no me suenan, pero cuando comienza la letra, la voz del cantante me lo descubre: “Estaba pensando en escribirte una canción y no me sale...”; está claro, es Pereza. Extrañamente, siento como si las intenciones de Leiva fueran las mismas que las mías. Me encantaría hacer algo sólo para ella, pero no sé por qué, no puedo. Empiezo a delirar.

Viene contoneándose hacia mí, al ritmo de la canción. Coge la botella de orujo con la mano derecha y bebe un trago a morro; adiós a las formas de señorita. La miro divertido tumbado en el sofá. Vuelve a beber, pero esta vez, prefiere que el alcohol acabe en mi estómago. Con un sutil beso me envenena y la verdad es que me gusta. Seguimos mezclando alcohol y besos, besos y alcohol. Me quito la camiseta, tengo calor, pero ella sólo ha llegado a descalzarse.

¿No tienes un lugar un poco más cómodo? me pregunta tímidamente.

Tengo un metro y medio de viscolástica en mi habitación, si quieres…

No duda un segundo. Se levanta con algo de dificultad del sofá y deja la botella, ya vacía, encima de la mesa. El portátil, que no ha dejado de sonar en todo el rato, viene con nosotros. Ella camina casi de puntillas, delante de mí. Yo la guío hacia mi habitación cogiéndola por la cintura.

Ya dentro, y mientras busca un lugar apropiado para poner el ordenador, yo trato de enchufar una lamparita de mesa de Ikea, por aquello de crear ambiente. A continuación me acomodo en la cama y espero a que ella venga conmigo. Está hurgando en la web, como si buscara algo. Yo la contemplo desde mi posición, con los brazos por detrás de la cabeza. Tiene un culo espectacular, o al menos yo me lo imagino así. Viste una falda vaquera, una camiseta clara y, aunque se haya descalzado, llevaba unas bailarinas de piel.

Vuelvo de mi ensimismamiento cuando se da la vuelta.

¿Estás preparado? me pregunta levantando una ceja.

¿Preparado para qué?

Casi no he terminado de hablar cuando comienza a sonar la canción que creo que no olvidaré el la vida. Sus caderas se balancean lentamente al compás del piano, mientras sube los brazos y los baja tocando su cuerpo. “Vuela, vuela, vuela conmigo. Cuélate dentro, dime chico. Dame calor, sácame brillo. Hazme el amor en nuestro nido”. Pereza nuevamente. ¿Qué tendrá con ese grupo? Sinceramente eso ahora me da igual. Está bailando para mí. Es lo más increíble que me ha pasado nunca.

Siguiendo el ritmo, comienza a juguetear con la camiseta. La estira, la arruga y se la levanta enseñándome un perfecto ombligo. No para de moverse, es como si la música marcara los latidos de su corazón. Antes de llegar al estribillo ella está desnuda de cintura para arriba; un sencillo sujetador blanco me priva de una visión bastante deseada.

Se agacha sin doblar las rodillas, toca el suelo y vuelve a subir; una sutil forma de provocarme y enseñarme su lencería. Se va desabrochando el botón de la minifalda. Intuyo una braguita blanca a juego con la parte de arriba. Tiene la piel bronceada y brillante, parece de seda.

La falda ha caído y sólo quedan unas medias transparentes que cubren la mitad inferior de su cuerpo. Sentada en el borde de la cama se las quita de forma muy sensual. Estira las piernas levantándolas por encima de la cabeza, haciendo alarde nuevamente de su gran flexibilidad.

Aquí la tengo, a los pies de mi cama, cubierta tan sólo por dos prendas de lycra. No sé si incorporarme e ir a por ella o esperar a que venga junto a mí. Finalmente no me deja margen de actuación y se coloca sentada a horcajadas sobre mi paquete. La canción continúa, y mientras con los pantys, me venda los ojos. Esta situación me excita más que la anterior; la noche está alcanzando límites insospechados.

Sin dejarme contemplar la escena, baja besando mi cuello, mi pecho desnudo y sigue por la línea de mi ombligo. Entre besos, soplidos y algún que otro mordisco, desabrocha los botones de mi Levi´s 501. Creo que voy a reventar de la presión.

No siento ni padezco. En un momento me ha dejado como mi madre me trajo al mundo. Masajea mis piernas y baja hasta mis pies; los besa mientras me separa los dedos. Su cuerpo liso y suave repta por el mío. Me siento tocando el cielo.

Ahora descansa tumbada sobre mi, cuerpo con cuerpo, cara con cara, boca con boca; le doy la vuelta rodando sobre mí mismo. En un segundo he soltado su sujetador y me he desecho de esa braguita de poca tela que tanto le favorecía. No nos hemos dirigido la palabra en todo este tiempo, pero tampoco nos ha hecho falta; es como si supiera lo que piensa a través de las caricias y los besos.

Recorro su cuerpo con mi lengua, dejando piel erizada allá donde paso. Es pura suavidad, huele como a polvo de talco y su respiración es sosegada y excitante. Investigo en todas las cavidades de su cuerpo con mis manos y con mi lengua. Ya sé cuáles son sus puntos débiles.

Terminamos haciéndolo. No sé si llamarlo follar, hacer el amor, echar un polvo… Pasamos gradualmente de lo sutil a lo salvaje. Me sorprende en cada faceta, en cada postura, en cada práctica que llevamos a cabo. Me vuelvo loco. No puedo más. Me corro.

Estamos tumbados boca arriba, intentamos recuperar el aliento. De repente se me ocurre una cosa. Abro el cajón de mi mesilla y cojo un sobre; tiene cojones que sea de la Universidad Antonio de Nebrija, ¿no lo podría guardar en otro sitio? Dentro tengo la pócima en polvo de Obelix. Se lo enseño.

No me queda mucho, pero hay de sobra para los dos.

Gracias, a mí no me apetece. La verdad es que no me va demasiado me dice mirándome con carita de niña bienpero tú haz lo que quieras.

¿Te importa?

En absoluto.

Cojo una pequeña cantidad con la llave y la deposito en un espejito de mano que tengo al alcance. La corto con la tarjeta de estudiante que me mandaban la Nebrija y el Santander; “pa´ lo que hemos quedao´” me digo a mí mismo. Aspiro la solución de un tirón, me ha dado para una raya escasa; y retomo mi dedicación a ella, ahora mucho más pasional gracias al alcaloide. Repetimos una, dos, tres veces más; hasta que no podemos con nuestro cuerpo. En algún momento de la noche, al ordenador se le acaba la batería.

Está amaneciendo, deben ser las seis de la mañana. Me he quedado dormido y ella también. Está hecha un ovillo a mi izquierda, debe ser por el frío de mi habitación. Cojo la manta que se ha quedado a los pies de la cama intentando no despertarla y nos cubro. Los párpados se me cierran; me adormezco.

La luz que entra por la ventana me despierta de nuevo. Abro los ojos poco a poco y miro a mi lado. La cama está vacía, ¿habrá sido todo un sueño? Me incorporo y busco mi calzoncillo por el suelo, nunca me ha gustado ir con el badajo colgando. Camino por la casa hasta que la encuentro en el salón, tumbada en mi sofá totalmente desnuda. Está desayunando un tazón de leche con cereales mientras ve la televisión. No sabe que la estoy mirando. La imagen me resulta adorable.

¿Espiando?

Contemplando me parece un término más exactole corrijo con retintín. Ella cambia de tema.

Espero que no te importe que me haya servido por mi cuenta dice mostrando el tazón Me daba pena despertarte…

¡Nada mujer! Ya te dije que había confianza. De todos modos, si te hubieras esperado, te habría preparado yo algo de comer.

No hace falta,dice mientras se levanta con el resto de su desayuno entre las manosla verdad es que es bastante tarde. Creo que lo mejor será que me vista y que me vaya.

¿Tan pronto?

Sabes que no puedo quedarme, que esto ha sido algo puntual.

Se dirige a la cocina con la caja de cereales y el tazón. A continuación, marcha hacia mi habitación a vestirse. Yo la persigo por la casa, intentando por todos los medios que se quede unas horas más. Por supuesto, de nada valen mis súplicas.

Ya sabes que lo que ha pasado, no puede volver a suceder. Por favor, sé discreto.

Descuida; aquí no eres la única que tendría problemas.

Tras un último beso, abandona el piso. Cierro la puerta con cuidado para no hacer ruido y me aproximo a la ventana del salón, por donde sé que pasará para coger el metro. Cinco minutos de espera son los que me dan su última imagen. Mi lujuria baja las escaleras hacia las entrañas de la tierra.

Martes, 10 de marzo

¿Estás bien?— Me pregunta inclinando la cabeza y levantando una ceja — ¿me vas a contestar?

Por un momento me he quedado abstraído en mis pensamientos, en mi sábado con ella.

Sí, sí… Perdona. Pues, ¿el fin de semana? Ejem… Nada, nada especial… Al final no encontré planes interesantes y estuve descansando— respondo titubeando.

Quedamos en hacer como que nada hubiera pasado, de esta forma olvidaríamos cuanto antes lo ocurrido. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El hablar con ella de este modo me hacía volver una y otra vez a la noche del pecado.

Así que, descansando… Me parece bien. Yo he hecho más o menos lo mismo…

Sí, se te ve cara de relajada— miento mientras le sigo el rollo.

La conversación prácticamente está acabada. Sé que ella se tiene que ir, yo también y no queda mucho más que hablar.

Lo siento, se me hace tarde…— se excusa mientras hace movimientos señalándome el reloj.

Pues nada, espero verte pronto.

Siempre que te queden cigarros, podrás ponerlos como excusa para verme al final de mis clases— me dice sonriendo.

Se aleja hacia el aparcamiento. Camina de forma rápida pero sensual, moviendo las caderas de lado a dado. Me dedica un último adiós dándose la vuelta y sonriéndome como sólo ella sabe hacerlo. ¿Por qué la chica de mis sueños tiene que ser mi profesora?