domingo, 8 de febrero de 2009

La incertidumbre de la duda

Que el ser humano es social por naturaleza, de sobra es conocido. Yo soy social por mi naturaleza de persona, y me afectan demasiado mis relaciones con los demás, hasta el punto de no dejarme levantar de la cama un día tras un disgusto con alguien.


De relaciones sentimentales no entiendo mucho, quizás sea por mis contínuos fracasos en ese campo; por lo que muchas veces no sé qué esperar o cómo actuar ante determinados comentarios o acciones. Soy muy razonable y medito antes que ponerme a chillar, y sopeso mucho las palabras que uso en una discusión, por miedo a decir cosas que realmente no creo, llevada por la ira.


Y así me encuentro esta mañana de domingo. Cabe destacar que odio los domingos. Ha pasado una semana desde que una persona especial para mí se fue de viaje a otro continente. Por suerte vuelve mañana (y podré resolver entonces la duda y el misterio que me tiene mordido el corazón). No hemos hablado por teléfono por el coste de la llamada, por Internet tampoco coincidimos demasiado, por el uso horario y las diferencias (cuando yo estoy despierta, la otra persona está dormida). Y así me mantengo, en la duda constante de si cuando vuelva, todo habrá acabado... No hay respuesta a sms al móvil ni a comentarios en una página social. Estoy con el miedo en el cuerpo por haber apostado por algo, que quizás termine como el rosario de la aurora...


Me vuelvo a sentir estúpida, porque tengo tendencia a hacer cábalas de lo que puede pasar y obviamente quizás me equivoque y todo sea fruto de la imposible comunicación a distancia... Por otro lado, siempre he tenido "sensaciones" de cuando algo va mal; ese sexto sentido de mujer que me avisa de lo que vaya a pasar, y por desgracia, mi presagio no es del todo bueno... Y no sé qué hacer, qué pensar... Los minutos se vuelven eternos y sigo en la más profunda ignorancia.

Llorar no sirve de nada y es lo que más hago, y me remuevo en mi mente ordenando y desordenando hipótesis. A lo mejor mañana me arrepiento de tanto lamento, o a lo peor tengo que volver a lo que siempre he sido: la idiota que espera algo que nunca llega.

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