
Desde que en la Universidad nos hablaron de los programas internacionales, sólo he podido pensar en el momento en el podría irme un año a vivir a otro país, aprender a valerme por mí misma, tener esa experiencia... Y ahora me veo incapaz...
Me he enamorado de un chico y por primera vez, ese chico se ha enamorado de mí. Todo ha salido como deben salir las relaciones, y da la casualidad de que es éste el año en el que puedo marcharme. ¿Cómo me voy a ir a EEUU, como tenía pensado, si la sola idea de separarme de este chico me mata?
Tampoco puedo privarme de mi preciado deseo; pero pongo en una balanza: la ciudad de los rascacielos o mi novio. Depende de cada persona la decisión, pero en mi caso es la duda la que me puede del todo.
Juego con las posibilidades. Si me voy a Nueva York: viviré en una ciudad cosmopolita, aprenderé inglés y mi curriculum ganará un peso enorme. Si me quedo en España: me quedo con mi novio, pero me pierdo la vida "sin padres".
La solución la he encontrado en el término medio. Si me quedo en Europa, estoy relativamente cerca de todo, hay vuelos baratos, sigo aprendiendo inglés... Y creo que Ámsterdam es la mejor opción. Además dispongo de la beca Erasmus y me sale más barato, ya que el viaje y la estancia se costean desde mi bolsillo... Una amiga, mi mejor amiga, vendría conmigo. ¡Es sin duda la solución a mis males!
Pero siempre te queda el temor a que todo se fastidie y de repente te des cuenta de que tu vida sería mejor en Nueva York. ¿Renunciar a un sueño por amor es ser tonta? Porque creo que cada día estoy peor...
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