lunes, 28 de septiembre de 2009

Fantasmas del pasado


Vuelve a ser domingo. Parece que sólo encuentro inspiración en el día más insulso de la semana. No sé si es por la morriña que me entra de estar lejos de mi familia, por la tristeza que me produce el séptimo día o porque mañana es lunes... El caso es que sólo escribo los domingos.

He tenido un fin de semana relajado en cuanto a planes. Para variar, la idea de visitar Ámsterdam el sábado se vino a bajo por las copas del viernes. La resaca se hizo insostenible y la salida de la cama a primera hora,
 imposible.
No siendo suficiente la inexistencia de actividad, acudieron a mí fantasmas del pasado. ¿Qué empeño tienen en volver a la vida recuerdos enterrados?

Ese es el tema del blog de hoy: los ex. El colmo es, que como "tengo pocos", encima, me atacan todos a la vez... Menudo empeño hay en ponerse al día de lo que ocurre en mi vida, en qué tal me va todo, en cómo lo estoy pasando en mi nueva ciudad, en que si he conocido gente... Si es que la bondad, en determinados meses del año, se ceba con los corazones de aquellos que pasaron por nuestra vida.

Lamentablemente, cada día creo menos en esa falsa bondad; sobre todo, en aquella que se preocupa tanto por alguien con quien hace meses, incluso años, que no hablas.

Lo que me sigue intrigando es, ¿qué lleva a un ex a volverse a preocupar por ti? Barajando hipótesis, la nueva soltería es la que tiene más puntos: ahora que ya no estoy con la fantástica chica por la que te dejé o con quien te olvidé, recurro a ti por aquello de que "más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer". Otra de las hipótesis es la necesidad de reafirmarse en tu vida: la búsqueda de autorecordarte que están ahí. Esto se da tras la contemplación de una foto que hace alarde de lo bien que te conservas, la lectura de algún comentario picarón escrito por una red social, vídeos que recuerdan lo "perfectísima" que eras...

Conclusión: todo es posible, menos la verdadera y sincera preocupación por la persona que, en teoría, alguna vez te importó. La preocupación por tu ex.

Solución: demuestra lo que se pierde, sé mucho mejor de lo que siempre has sido, recuérdale por qué se enamoró o le gustaste tanto y ante todo, no caigas bajo y sucumbas a la llamada del fantasma pasado.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Holandia


Es extraño, pero desde que llegué a Holanda, no me había quedado un sólo día sola en la habitación, y menos, un sábado por la noche, cuando todo el mundo sale a matar.
Estoy apática y algo triste, dos sensaciones que se me han repetido bastante este año, sobre todo desde que mi última relación se terminara. Es como el domingo por la tarde, la pila de ropa por planchar, el polvo de la estantería, la bombilla que hay que cambiar... Está ahí y tienes que hacerlo, pero no te apetece. 

Así estoy yo, sabiendo que tengo que cambiar bastantes cosas de mi vida. Tengo que levantar por fin la cabeza y empezar a recuperar mi sonrisa, sin dejar nunca que nada me perturbe. No quiero más preocupaciones ni quebraderos de cabeza absurdos. Me cansé de seguir a los demás, de complacer al mundo y procurar agradar siempre.

En realidad, desde que llegué, me siento independiente, libre, exenta de explicaciones... y me encanta. Eso de comprar lo que quiera, de cenar cuando me plazca, de tener mi conciencia e ir a clase (aún sabiendo, que no va a haber nadie que me pregunte por qué no acudí).

Vuelvo a las andadas, a quedarme en casa, a no quitarme el pijama, a esconderme
 detrás de la pantalla de mi ordenador. Vuelvo a huir del mundo con las películas on line, con las
 series de televisión, con revistas de moda, con mi i-Pod... y ahora, recurro a mi bicicleta para escapar, para desaparecer, para pensar...

En Holanda, los días de lluvia son muy habituales. Ese clima continental que tanto te llama a quedarte en casa. Las amistades acompañan. Es mejor plan quedarte a beber cerveza en tu habitación que salir al frío nocturno de este país. ¿Me estoy volviendo vaga?

Espero poder volver a lo que era antes: la chica simpática, siempre sonriente, enamoradiza y, lo que nunca he sido: correspondida.