Grandiosa la nevada que ha colapsado la Capital.
Por un día, las calles de Madrid han cambiado su asfalto gris y su prisa por la blanca nieve; y ya se sabe: "año de nieves, año de bienes".
Preciosa la Plaza de España y la de Oriente, los edificios emblemáticos adornados con el manto del invierno, los niños jugando...
Ante la inesperada ola de frío, lo mejor era compensar con algo de calor. Un baño caliente, con mucha espuma evocando la nieve exterior me p
areció el plan perfecto.
A pesar de lo reacia que soy a los baños (por la cantidad de agua que se necesita), me recree en las termas árabes y decidí darme el gusto para relajarme ante tantos exámenes como se aproximan.
Velas, sales y mucha, muchísima espuma que ocultaba una balsa de agua caliente humeante. Música relajante de esa que está tan de moda ahora y una copita de un cóctel de zumo que vi en Internet.
El vapor de agua resbala lentamente por los azulejos y con la misma parsimonia me quito el albornoz. Los cánticos budistas me llenan "el Karma" y abro una pequeña ventana del baño para ver el cielo estrellado. Aunque hace frío fuera, se compensa con la temperatura del baño.
El agua está muy caliente y me cuesta acostumbrar mis pies. Poco a poco me sumerjo entera.
No puedo pensar en nada, vivo el momento y me recreo en las estrellas, la música, la luz de las velas y el olor de las sales.
El baño dura unas dos horas, hasta que el frío del agua me obliga a salir.
Ha sido perfecto, tengo las manos arrugadas y un descanso casi pleno que me permitirá estudiar unas tres horas más.
La nieve de Madrid me inspira...
Para mí, el baño largo y cálido es uno de los mejores lugares para pensar. Un saludo Alejandra.
ResponderEliminar